Cuando pensamos en entrenamiento de fuerza es fácil asociarlo únicamente al deporte. En realidad, la fuerza está presente en muchas actividades cotidianas: levantarnos de una silla, subir escaleras, transportar objetos o mantener una postura.
Una capacidad funcional
Conservar fuerza suficiente facilita la autonomía y permite afrontar las demandas del día a día con mayor margen. Por eso puede formar parte tanto de programas de ejercicio como de procesos de readaptación y rehabilitación.
Progresar es más importante que empezar fuerte
El entrenamiento no necesita ser extremo para resultar útil. La carga debe ajustarse al punto de partida, la experiencia, el estado de salud y el objetivo de cada persona. A partir de ahí se puede progresar modificando resistencia, repeticiones, velocidad, rango de movimiento o complejidad.
¿Y si hace mucho que no entreno?
Empezar con tareas sencillas y una dosis asumible suele ser más sostenible que intentar recuperar de golpe el nivel anterior. La regularidad y la progresión son dos conceptos importantes cuando se quiere construir capacidad física.
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