Una primera sesión sirve para conocer qué te ocurre, cómo afecta a tu día a día y qué objetivos quieres conseguir. Preparar algunos datos puede ayudar a aprovechar mejor la valoración.
1. Piensa qué es lo que más te limita
Además de señalar dónde notas el problema, intenta identificar qué actividad te cuesta: caminar una distancia concreta, dormir, trabajar, entrenar, vestirte o subir escaleras. Esa información ayuda a orientar objetivos funcionales.
2. Lleva informes relevantes si los tienes
Informes médicos, pruebas de imagen o indicaciones posteriores a una cirugía pueden ser útiles cuando están relacionados con el motivo de consulta. No es necesario acumular documentación que no tenga relación con el problema actual.
3. Utiliza ropa cómoda
Siempre que sea posible, elige prendas que permitan observar y mover con facilidad la zona que se va a valorar.
4. Cuenta qué has probado hasta ahora
Explica qué tratamientos, ejercicios, medicación o cambios de actividad has realizado y qué respuesta has tenido. Saber qué mejora o empeora los síntomas aporta información.
5. Pregunta
Entender el objetivo del tratamiento, qué puedes hacer entre sesiones y qué evolución cabe esperar facilita tu participación en el proceso.
